Crónicas Malevas

sábado 21 de noviembre de 2009

Desapegos

La semana pasada, cuando fui con Gutiérrez al cine, perdí una espectacular camperita de gabardina. No lo lamenté, o hice un esfuerzo mental por no lamentarlo.

Debo dejar ir las cosas y las personas, desapegarme de todos mis bienes materiales y espirituales y dejarlos fluir en abundancia. Abrir mis puños apretados. Soltar las máscaras, las cosas, las emociones, y atajar en el viento algunos momentos dulces que me depare el futuro.

Estoy destrozada de tristeza y el desapego no me sale. No me sale despedirme. No me sale pensar que Juan no tenía las mismas ganas que yo de seguir una vida juntos.

No me sale pensar en gastarme en otra cosa los ahorros para casarme que acumulé sola estos últimos 5 años. Años que pasé más sola que de novia, viendo a Juan una semana cada dos meses. Viajando a Ciudad Gris cuando y como podía y preguntándome por qué él no se desesperaba tanto como yo por compartir espacios cotidianos.

Quizás el músculo de las despedidas se me atrofió por usarlo más de la cuenta y ahora no puedo dejar ir nada. Nada de nada. Ni los sueños, las personas, la historia, el placer etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera. Ahora vivo todo el tiempo con el nudo en la garganta, el miedo a los aeropuertos, los abrazos interminables, el llanto a flor de piel y las dificultades para retirarme a tiempo.

Gutiérrez ha desaparecido otra vez y me odio por permitir que algo tan estúpido como eso me angustie.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Otra cosa

Cuando me perseguía como un perro, Gutiérrez escribió:

Los mails se contestan en el día, a la mañana siguiente, o nunca.

La idea de él es que si una contestación demora más que eso, es porque la respuesta es no.

Ahora tiene otra costumbre, desaparece dejando sus vacíos de varios días, y al rato aparece otra vez como un perro, borracho, insolente y prepotente a pedirme que vaya a dormir con él.

Tiene ojos tristes. Defiende sus soledades como trincheras. Se agarra con con uñas y dientes a su escudo de silencio mientras ruega violentamente que lo acompañe. Me seduce, me atraviesa, me estremece con su cuerpo. Compartimos algo de esa oscuridad. Esa forma atroz de desear. Languidezco de placer entre sus brazos de acero.

Gutiérrez me destroza abiertamente. Supongo que también hago mi parte, pero no me detengo a pensar en eso. Está aterrado, triste y roto como yo. Destruye los silencios con besos o TV . Se anestesia de un dolor que me es ajeno, y su dosis calma también mi pesar.

Me pregunta y no le contesto, no hablo, no comparto. No charlamos, no nos comunicamos ni tratamos de conocernos. Aunque a veces es un poco incómodo, aprendemos de a poco a tener sexo con la armadura puesta. Sin pensarnos, reconocernos o hablarnos. A ver si caemos en la desgracia de gustarnos. La realidad es que ambos sufrimos por otra cosa, y simplemente nos encontramos cada tanto para vengarnos o anestesiarnos.

martes 17 de noviembre de 2009

Mi pluma y mis caderas

Le mando un mail a Gutiérrez cuando ya es viernes y no ha aparecido. Rompo las reglas del mundo de las citas y por una vez, me sale bien. Contesta en un mail.

Me gusta más tu pluma que tus caderas...

En la cama, enloquecido agrega... y eso que vos no sabés lo que me gustan tus caderas...

Sonríe con los besos finales y desaparece algunos días más. Pronto cambio mi elaborada redacción a un texto que pueda gustarle más:

¿Esta noche?

Al rato me pasa a buscar para que veamos juntos Susana Giménez. Pero apagamos la tele. Nos reímos, nos besamos, retozamos. Después enciende el televisor otra vez y se pone a ver 678 en la TV Pública. Nada es perfecto.

jueves 12 de noviembre de 2009

In absentia

Gutiérrez aparece y desaparece en mis sueños como un espejismo y la tristeza no me deja respirar. Viene a mí con sus pasitos de pájaro, y cuando parece que va a comer de mi mano, vuela alto y lejos... lo más lejos posible.

Gutiérrez es una ausencia. Es una presencia in absentia. Su recuerdo me besa mientras duermo y yo acaricio su brillante, suave melena enmarañada. Él me clava los dientes en la piel y el llanto me brota a borbotones.

Juan no está y no hay nadie alrededor. La presencia, la ausencia del hombre que me ayudó a ver, me mantiene mujer mientras me reconstruyo. Me mantiene deseante, despierta y ansiando una nueva, ¿buena? dosis de sexo que me anestesie de estos mis tantos sueños rotos.

-Un hombre que se va no sabe las cosas que se lleva...
-¿¡Pero si vos lo dejaste a Juan?!
-Sí, yo decidí terminar la relación, pero él ya se había ido hace rato. Se había ido llevándose mi sueño de formar una familia, ser mamá y construir junto a él toda mi vida.
-Pero después de tantos años, algo te habrá dejado...
-Sí, un vacío así de grande que ni el sexo ni el alcohol ni la fiesta ni el trabajo ni nada puede llenar.
-¿Y Gutiérrez?
-No sé, no quiero saber. No necesito saber, pero sospecho que está mucho pero mucho más roto que yo.

sábado 7 de noviembre de 2009

Sin anestesia

Gutiérrez no me va a llamar nunca más en la vida. Estaba yo tan rota que hice todo mal. De hecho leí esta mañana en la cosmo un artículo sobre como sacarse de encima a un hombre lo más pronto posible... y para mi sorpresa encontré que había hecho casi todas las cosas que decía el artículo. No me sorprende que se fuera así la semana pasada. Y tampoco me sorprende ser tan patética como para llamarlo el jueves y preguntarle si se sentía mejor. Soy un poco pelotuda, pero de a poco aprenderé. De todas maneras, en el balance gané un lindo pulover naranja de Zara y algunas horas de placer (de anestesia) para sazonar esta vida mía gris. Ya eliminé el contacto de mi celular para no permitirme sucumbir en caso de debilidad.

Prego me saludó con su sonrisa de siempre el otro día que nos vimos un segundo en ciudad universitaria. Ahora es él quien pone las paredes y me apena perderlo también como amigo.

Juan vino el martes a charlar conmigo. Me pidió que seamos novios otra vez. Me prometió el oro y el moro. Se tragó todo su orgullo y lloró en mis brazos. Yo lloré en los suyos por las ilusiones perdidas, los planes fallidos, y los años de sacrificarnos en pos de un futuro que acaba de disolverse en la nada. Nos despedimos para siempre. Sin besos. Sólo dolor y dolor.

Escribo estas palabras llorando sin parar. Pensando qué me pasó. Dónde estoy, quién soy y adonde voy. Estoy perdida. Clavándome las uñas en las manos, o los hombres en el cuerpo. Devorando el plato vacío y alcohol y rabia y llanto y sexo y bronca. Tantos sueños perdidos. Tantas despedidas a lo largo de tres putos años y medio a la distancia... que pudieron ser menos y cuando terminaron la vida fue el purgatorio.

Bueno, entonces. Acá estoy toda magullada en un sábado sin mi dosis de sexo y endorfinas que neutralicen el dolor. Hoy tendré que resignarme a sentirlo sin paliativos ni calmantes. A amigarme con su punzada desgarradora. A cerrar los ojos mientras me muerde la piel.

Son tristes los finales.

jueves 5 de noviembre de 2009

Y nos dieron las 10 y las 11, las 12 y la 1 y...

Habíamos tenido una tarde alucinante. Con sexo, charla, risas y etcéteras. De repente, se puso moy incómodo y le pregunté que le pasaba.

Gutiérrez: -¡Mirá que tarde se ha hecho y vos todavía acá! Encima no te querés ir con el pelo mojado y eso me hace sentir presionado para que te cocine. Yo estoy acostumbrado a estar solo y ahora estoy incómodo. Y estoy cansado, y mañana madrugo. No es mi problema que tengás el pelo mojado. Lo hubieras pensado antes. Además no sos una nena, ¿qué te tiene que importar si te piden explicaciones?

Malena: -Es verdad, no es tu problema. Me incomoda si queda en evidencia mi intimidad. Si tenés tantos dramas llevame a mi casa y listo. No estás obligado a nada.

El viaje en auto transcurrió en un silencio que se cortaba con tramontina.

Cuando llegamos a mi esquina frenó, y con su sonrisa más encantadora agregó:

Gutiérrez: -A pesar de esta despedida, la pasé muy bien.

Malena (también con sonrisa encantadora): -Jejeje bueno, gracias por todo, chau.

Entonces me bajé del auto, y apenas cerré la puerta, salió arando y dobló la esquina a toda velocidad.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Reacción en cadena

A Prego lo conocí por casualidad hace 6 años. Desde entonces hemos forjado una relación radiactiva. Cada vez que estamos juntos sentimos algo en nuestros cuerpos, algo oscuro que nos dispara los más bajos institntos.

Prego trató de conquistarme (convencerme de que tuviera sexo con él) por lo menos 4 de los 6 años que llevamos de conocernos. Me dijo algunas de las cosas más sabias que escuché en mi existencia. Me dijo cosas que me repito cuando me estoy arreglando para salir, o cuando me lleno de nostalgias.

Hubiera querido llenarlo de besos desde el primer instante en que lo vi. Hubiera querido besar su frente y charlar días y noches sin parar.

Tantas cosas que no hice porque no lo entendía. Porque sus ideas tan liberales respecto al sexo y a las relaciones me daban pánico. Pensaba que me manipulaba... pero él sólo se mostraba tal cual era, con sus sabidurías e ignorancias, con sus brillos y sus miserias. Y a mí me encantaba.

Pero el sexo para mí era sagrado y él no me garantizaba amarme cuando me proponía hacerlo. Salíamos y presentía la reacción en cadena pero no me dejaba llevar. Ponía mis muros de plomo y a veces lo eché de mi vida de la peor manera.

Pero seguí chateando con él cuando me inundaba la duda existencial. Seguí pidiéndole Scripts por mail. Seguí buscando su amistad y él siempre me la dio desde el fondo de su corazón. Pero cada vez que empezaba a sentir esa energía, otra vez lo echaba de mi vida. Quizás me imaginé que el sexo nos iba a destruir.

Pasé dos años sin ver a Prego.

Hasta que hace unos días le confesé que yo también sentía esa energía y que también quería conquistarlo a él. Que me pasé la vida sacándolo de mi existencia porque no lo entendía. Porque me daba pánico su transparencia.

Me contó que convive hace dos años con una novia que no le conozco. Me dijo que pensaba que se había olvidado de mí, pero no. Le propuse no vernos más, por el bien de su pareja. Me contestó que no me preocupe, que él es quien tiene las riendas de la situación.

Pero el lunes a media mañana nos vimos en su depto y no pude dejar de llorar por el desencuentro. Él me convidó agua, papel tissue. Atajó un poco mis lágrimas. Me dio besos. Me acarició. Y cuando sentí otra vez esa energpia... por primera vez dejé mis paredes de lado. Dejamos que se desatara la reacción que sabíamos que venía, después de estar tantos años contenida.

-Te quiero Prego. -le dije- Siempre te quise. Gracias por tantos años de amistad.

Luego nos abrazamos un poco, me vestí y me fui a trabajar.

Esa noche chateamos un poco más porque no estábamos bien. Vacíos, tristes, culposos y melancólicos por el amor que dejamos pasar y nos tenemos... cada uno a su manera, para siempre.

Esta mañana amanecimos en Chernobyl